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Siempre la cara y la cruz. Siempre la simetría. Como toda lección aprendida, hay que llevarla a la práctica para afianzar el aprendizaje. Pero cuando se aprende a soñar, hay que aprender a despertar. Aquella terraza desde la que podían verse todos los colores del día. Aquí está por fin. Entonces representaba la parte real de aquel sueño. Hoy además es real físicamente. Cuando vine a vivir aquí no sabía si habría terraza. Al llegar fue una agradable sorpresa encontrarla. En estos meses he visto todos esos colores; el del amanecer, el del atardecer y el de la noche. Pero el eje de la tierra debió doblarse a mi llegada, porque apenas he visto amanecer. Afortunadamente conseguí casi olvidarme de cómo cae la tarde. Y en cambio tuve muchas noches de quedar sola y pintar todos los edificios de un gris cada vez más negro. Pero no como en mi sueño, donde el negro era el miedo a lo que llegaba. Aquí, en la realidad, el miedo era a lo que se iba. Dentro siguió sonando música agradabl ...
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