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Me hablaron de él por primera vez cuando aún no tenía contrato blindado con la cadena amiga y luchaba por ascender entre las faldas de alta costura de Ana Rosa Quintana o vete tu saber, si entre la bragueta de algún ejecutivo, fetiche del antimorbo personificado. Un antiguo amigo, camarero en uno de los bares de moda de la zona rosa de Madrid, me contaba que JJ le acosaba incansablemente con el objetivo de intimar, después de 3 ó 4 ardientes pelotazos. Al parecer, era tan pegajoso, que los dueños del local tuvieron que advertirle sobre el derecho de admisión del local, si su libido seguía desmoralizando a los empleados. Sinceramente, a través de la pantalla ya apuntaba maneras. Cuando se hizo cargo del ya triturado tomate de Telecinco, dejaba ver rasgos de esa personalidad petulante e incorporando ese sarcástico sentido del humor que le caracteriza cuando se mofa de todo aquel que no haya querido pasar por la piltra, que ahora, si no recuerdo mal comparte con algún noviete de e ...
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